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Todos llevamos nuestro talento a la oficina pero no todos lo ponemos en acción. Cuando esto ocurre,  no solemos trabajar con la confianza de sabernos capaces de actuar del modo en el que nos sentimos mejor dotados. Vamos a remolque entre dos aguas: o superados o sobrados.

Así, buena parte del desencanto de las personas en las organizaciones viene del sentimiento de estar desaprovechados, o porque podemos más y nos dan menos,  o porque valemos más en otro campo o de otra manera y estamos mal ubicados.

¿Dónde recae la responsabilidad de que esto no pase? En primera instancia en nosotros mismos, en hacernos cargo de lo que nos ocurre, en reflexionar qué queremos y qué nos hace falta para alcanzarlo.

Desde el autoconocimiento,  si somos capaces de identificar de donde emana nuestra insatisfacción en lugar de continuar con ella a cuestas, podremos abrazar un objetivo nuestro, un reto  que nos ponga en marcha el talento y que al mismo tiempo nos permita brillar a nosotros y nuestro esfuerzo, pedir ayuda para conseguirlo, pedir la capacitación que nos complete, …  Los primeros responsables de nuestro desarrollo somos nosotros mismos. No nos pongamos palos en las ruedas con nuestra falta de deseo.

Os transcribo un fragmento que escribí en su día sobre lo que ocurre cuando…

Cuando ponemos un propósito sobre las aguas de nuestro talento:
Asoman los chispazos de intuición.
Aparece la ilusión por lo que aquellos dejan entrever.
Aflora la energía para trabajar en ellos.
El estado de pasión se pone en funcionamiento para alimentar la actividad.
La máxima tensión se funde con el objetivo y se abre un camino de aprendizaje.
Los logros que se alcanzan fortalecen la confianza.
Vivir con confianza está muy ligado a la felicidad.

No hay personas sin talento. Hay personas que no lo han buscado, o aún buscándolo no lo han encontrado, o aun habiéndolo encontrado no están comprometidos para trabajar por ello, o aún estando comprometidos, no están en el entorno adecuado para desplegarlo. (Mayo 2013)

Cuando trabajamos en una organización, no esperemos a que nos den propósitos prestados.  Identifiquemos el nuestro y trabajemos, siempre,  con talento.

Adoración Romero, 26 de Enero 2015

Pon el foco en tí: El talento es la semilla y el propósito las condiciones donde germina.
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